Era mi buen amigo Fernando quien paseaba por los rumbos del paseo de la Reforma a la altura del ángel de la independencia y, sabedor de mi afición taurina me llamó para avisarme que se estaba llevando a cabo una manifestación anti-taurina.
El episodio no me causó ninguna sorpresa porque sé perfectamente que estas agrupaciones buscan cualquier pretexto para manifestarse en contra del espectáculo taurino.
Lo que si me llamó la atención es que mi amigo me informara que la persona que encabezaba el movimiento fuera un ciudadano chileno.
Y me pregunté: ¿Qué diablos sabe un chileno de la fiesta brava, si en su país para empezar no se celebran corridas de toros?
El siguiente es un fragmento que saqué de un portal de Internet llamado animanaturalis.org:
El 15 de septiembre de 1823, el director supremo Ramón Freire, firmó la prohibición definitiva de corridas de toros y las peleas de gallos del país, en el mismo decreto por el que se abolió la esclavitud en Chile.
Interesante pues que un chileno venga a mi país a manifestarse en contra de una expresión cultural tan arraigada a nuestras tradiciones.
Valdría la pena entonces plantearse la idea de aplicarle el artículo 33 constitucional a este simpático personaje.
Mi amigo en un arrebato de animosidad me puso al teléfono con el sujeto en cuestión y accedí a hacerle algunas preguntas muy básicas:
- ¿Perdone, es usted carnívoro o vegetariano?
-"Soy vegetariano por supuesto"
-Ah ya veo, entonces dígame: ¿está usted consciente que de llevarse a cabo su propósito de abolir las corridas de toros estaríamos atentando contra el equilibrio ecológico de la dehesa?
-"Pero de qué me habla, cuál equilibrio, el toro no es una especie salvaje...(????)"
-¿Está usted consciente que de abolirse las corridas de toros, se perderían miles y miles de fuentes de trabajo en mi país?
-"Ese no es problema, se podrían crear otras tantas oportunidades de empleo"
-Por último y dicho sea esto con mucho respeto: ¿Porqué si en su país existe una prohibición constitucional para la celebración de las corridas de toros viene usted ahora a encabezar un movimiento de esta naturaleza en mi país donde la cultura taurina está tan arraigada?
-"Eh, em, discúlpe me tengo que ir... me van a entrevistar y tengo que atender a otras personas"
Y así terminamos tan breve como absurda charla telefónica.
El encuentro con este personaje a través de la línea del teléfono viene simplemente a demostrar que este movimiento es encabezado por ignorantes, que no tienen la menor idea del desarrollo de la fiesta brava, sus orígenes, su papel en la historia de algunos pueblos, su aportación a la economía y otras vertientes del toreo incluso como manifestación artística.
De verdad, de verdad: no saben nada de nada.
Por ello es que estos desencuentros que me ha tocado protagonizar con algunos anti-taurinos no me aportan nada en absoluto y cada vez me causan más y más apatía.
Lo único que hay que valorar en este sentido es la agresividad con la que algunos de estos "Defensores de la Vida" se conducen.
¿Y son los que hacen un llamado a la civilidad?
Como católicos que asisten al templo y ponen ojos de piedad pero al salir de la homilía se comportan como verdaderos animalitos de la creación profiriendo insultos y majaderías en incidentes de tráfico a quien tenga la mala fortuna de cruzarse en su camino.

