martes, 24 de abril de 2012

RETAZO CON HUESO


La fiesta brava no necesita re-inventarse, de hecho lo que precisa urgentemente es de adaptarse.

Adaptarse a la vida moderna, a los cambios que el mundo nos propone.

Si alguien de ustedes me formulara las siguientes preguntas, seguramente yo les respondería sin titubear:



1.- ¿Sufre el toro un castigo excesivo?

Respuesta: Si, sin duda alguna, es un ser vivo y por supuesto que sufre y se duele al castigo impuesto por los instrumentos propios de la lidia: arpones, puya, estoque y puntilla.




2.- ¿Es la fiesta brava un espectáculo cruel?

Respuesta: Por supuesto que la fiesta brava resulta un espectáculo cruento en el que el toro muere en la arena y ocasionalmente los toreros y otros actores resultan heridos y hasta muertos también.

3.- ¿Es el toro víctima de vejaciones tales como vaselina en los ojos, ácido en las patas, costalazos en los riñones y hasta suministro de drogas para salir disminuídos a la arena?

Respuesta: Categóricamente puedo afirmarles que no es así, que el toro sale con sus astas íntegras y que tales exageraciones no tienen fundamento, aunque como en cualesquier actividad humana, siempre existen trampas que enemigos de la fiesta han llegado a practicar con cínica impunidad como el afeitado y despunte de las astas.
Estos pseudo aficionados más que defender a la fiesta siempre la han atacado.

Además habrá que puntualizar que no todas las expresiones de la tauromaquia resultan hoy día muy civilizadas si así se les quiere llamar.
Existen festejos reprobables desde mi punto de vista como el toro embolado en algunas poblaciones de España o también fiestas verdaderamente absurdas como las llamadas "Corralejas" en Colombia donde participa un pueblo sediento de sangre y alcohol.

Nada que ver con el toreo en su más pura concepción artística.

Puestos en estas consideraciones en las que coincido plenamente con algunos anti-taurinos, nos habremos de plantear el futuro inmediato de la fiesta.

Ahora yo voy a formularles algunas preguntas, preguntas inducidas hacia la respuesta pero que vale la pena considerar.

1.- ¿Es necesario infringir al toro un castigo innecesario como tres pares de banderillas aún si éste no acomete?

2.- ¿Hasta qué punto habrá de ser necesario revisar los reglamentos de cada plaza para evitar que pseudo-matadores se den gusto pinchando en varias ocasiones al amparo de un margen de tiempo que los mismos les otorgan?

3.- ¿Será posible limitar a tres intentos la suerte suprema y si el "Matador" no cumple su cometido se regrese el toro al corral para apuntillarle fuera de la vista del público?

4.- ¿Porqué no se revisa el tamaño de las puyas de los picadores y de paso se reglamenta esa pesada muralla que viene resultando el peto de los caballos donde van a estrellarse bureles de poca fuerza?

5.- ¿Para qué lamentar un espectáculo tan carente de valor artístico como el que algunos banderilleros de abdomen abultado nos brindan tarde a tarde, pasando fatigas para ganarle la cara al toro limpiamente y practicar el rejoneo de a pié dejando un solo palo en la cola del toro?

¿No es mejor re-plantearse la idea de modificar el reglamento?

Las encarnizadas batallas en las redes sociales entre taurinos y anti-taurinos no van a ningún sitio y habrá que situarnos en la realidad.

1.- No podremos prescindir del toro bravo por el enorme daño que esto ocasionaría al equilibrio ecológico de algunas zonas.

2.- Prohibir las corridas de toros plantea muchos problemas para la economía de una nación como el dejar sin empleo a muchas familias.

3.- El ser humano debería entonces plantearse seriamente la idea de cambiar sus hábitos alimentarios y de vestido si quisieramos hoy mismo terminar con el sacrificio de miles de animales que nos proveen de estos beneficios.

Es entonces que tanto taurinos como anti-taurinos deberíamos buscar los mecanismos para una sana convivencia entendiendo entre otras cosas que la muerte del toro se hace necesaria por cuanto a que esta especie no es domesticable pero cuya existencia en el planeta está determinada por el espectáculo taurino.

También los taurinos nos deberíamos plantear esta pregunta:

1.- ¿Que es lo que buscamos tarde a tarde con tanto afán?

¡Exácto!

¡La faena!


Esa conjunción armónica entre toro y torero que logra una pieza escultural en movimiento y que con parsimoniosa cadencia de movimientos y poder de mando provocan que el sentimiento más sublime aflore en las gargantas de los aficionados; el famoso ¡Olé!

Eso, eso es precisamente lo que busco tarde a tarde.


Y quisiera que esa obra fuera rematada con una estocada limpia que hiciera rodar patas arriba al burel.

Este sería un colofón digno a la faena.

Pero he de declarar sin miedo de equivocarme que como aficionado a la fiesta brava, algunas tardes me resultan insufribles por cuanto a tantas anomalías que he detallado y si a esto sumamos la escasa presencia del ganado...

En fin, ojalá que en algún momento las asociaciones taurinas, toreros, aficionados, porras y demás defensores de la fiesta nos dediquemos a ver el futuro de la ésta de cara a los tiempos venideros.

¡Lo demás, lo demás es retazo con hueso!

sábado, 14 de abril de 2012

Un acto de conciencia plena




Mi chaval me ha formulado una pregunta, una de esas preguntas para la que nunca estás preparado para contestar sin sentir temor por no acertar y dar al clavo o por sentir un raro remordimiento de que tu chaval quede insatisfecho por tu respuesta...


La pregunta fue directa, a raja-tabla: "Dime padre; ¿qué opinas de la matanza de las focas bebé en Alaska, o de las peleas clandestinas de perros, o bien de las peleas de gallos o de la cacería de pichones?

Pues venga ya, a responder:

Tomé aire y traté de guardar la mejor compostura sin que esto significara hacerme ver como si fingiera no saber...

¿Sabes?

Soy taurino, me gusta la tauromaquia y no tengo calidad moral para responder tu pregunta...

¡Y ya está!

Me sentí más aliviado, pero un dejo de reflexión me invadió de pronto y si, me sentí aliviado pero hipócrita.

Hipócrita por el hecho de que yo mismo reprobaba en forma casi inmediata las actividades que mi hijo mencionó y por el hecho mismo de que él reprobaba mi gusto por la fiesta brava.




No sé, en verdad que esta reflexión me puso a tambalearme sobre mis propias convicciones y en una actitud cómoda preferí salirme por la tangente.



Y aunque mi reflexión quede ahí, les puedo asegurar que observando las faenas más importantes de la historia del toreo moderno: Declaro en pleno uso de mis facultades mentales y sin menoscabo de mi conciencia humana, la tauromaquia es la actividad humana que más disfruto y la que más satisfacciones me ha aportado en la vida.

Y si creen los anti-taurinos que los taurinos no tenemos conciencia...

                                                  ¡Están equivocados!